domingo, 25 de noviembre de 2007

Turismo Antártico y Cacería de Ballenas

Turismo que daña el medio ambiente y cacería de ballenas. Qué tenemos que hacer?

En el Protocolo sobre la Protección del Medio Ambiente Antártico, suscrito en Madrid en 1991, pero negociado en Viña del Mar el año anterior, las partes se comprometen a “la protección global del medio ambiente antártico y los ecosistemas dependientes y asociados” y asimismo designan a la Antártica como reserva natural, consagrada a la paz y a la ciencia. En ese contexto, el acuerdo indica que todas las actividades que se realicen en área Antártica deben ser planificadas con el objeto de prever su posible impacto en el medio ambiente antártico.
Es el turismo masivo parte de estas actividades que se deben planificar? Por supuesto que si! Y por lo tanto en respeto, no sólo a los acuerdos sino que también al espíritu con que todos los países han mantenido el régimen especial del Continente Antártico es que esta importante actividad económica debe ser regulada y quizás limitada.

Sí el naufragio del buque turístico Explorer, fue por un error humano, ¿ Qué capacidad tienen los países antárticos para fiscalizar a las tripulaciones y entrenarlas para reducir ese margen de error? Y si no lo fue, ¿ Quién regula el tipo de naves que pueden navegar en la antártica y bajo que condiciones?. Todo buque antártico que zarpe, debería ser fiscalizado por la autoridad competente del puerto de salida, ya sea Punta Arenas, Ushuaia o Brisbane, bajo un estándar común y acordado por las partes consultivas del Sistema del Tratado. Lo mismo con la tripulación, en cuánto a cantidad de tripulantes capacitados, conocimientos de navegación antártica y mecanismos de control de averías.

En cuanto a limitar la actividad turística, el protocolo en su Anexo II, indica que uno de los elementos que definen la “Intromisión Perjudicial” es “Cualquier actividad que produzca una importante modificación negativa del hábitat de cualquier especie”. Y en estos días en que el Turismo Antártico a aumentado desde 3.000 personas en 1992 a 30.000 en el 2006, ¿ existe una “intromisión perjudicial”?. La respuesta es clara. Si.

Las cifras de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO), reflejan claramente el aumento de los cruceros antárticos durante los últimos 10 años, y aunque en su gran mayoría todos los operadores se preocupan de cuidar el medio ambiente antártico y siguen la normativa internacional al respecto, no hay duda que hay perjuicio al hábitat austral. Ya en 1994, en la XVIII Reunión Consultiva de las partes realizada en Kyoto, se acordaron normas relativas a los visitantes antárticos y a los operadores que organizan actividades turísticas. Pero, ¿Cuál es la capacidad de la autoridad nacional de lograr el cumplimiento de estas normativas? Debemos hacer un análisis de cuáles son las responsabilidades de las autoridades locales en el último siniestro antártico.

Cuando se habla del hábitat antártico, se habla del mismo hábitat de las ballenas australes, aquellas que con “motivos científicos” serán cazadas en mayor número por buques factoría japoneses. Que tiene que hacer nuestro país? Ser consecuente y no permitir que esto ocurra. Es muy complejo el escenario, ya que la Convención para la Regulación de la caza de la ballena, permite que los Estados autoricen la actividad ballenera con fines científicos. Entonces, se debe actuar en conjunto con el resto de los países que han suscrito el acuerdo y establecer medidas que obliguen a Japón a mantener informada a la Comunidad Internacional de los resultados de la actividad científica y el uso que se le da a cada ballena cazada, objeto supervisar la verdadera necesidad de que la cacería se hace con objetivos científicos.

Tanto el turismo masivo, como la caza de ballenas, son actividades que alteran el equilibrio antártico y austral, y por lo tanto Chile como país soberano debe actuar prontamente (y no sólo emitir declaraciones de prensa) y tener una voz fuerte en los respectivos foros internacionales. Pero así también debe ordenar su regulación interna objeto sea consecuente con lo acordado y ergo tener la capacidad de controlar la actividad antártica.

Por último me gustaría indicar que es un orgullo ver como la Armada y la Fuerza Aérea han reaccionado con agilidad y eficacia en el rescate del Explorer, y que así como esas instituciones ponen todo su esfuerzo en cumplir con sus misiones antárticas, el resto de los organismos estatales involucrados debería actuar en consecuencia y demostrar que la Política Antártica es un compromiso de Estado y no la labor individual de sus distintos actores.

Rodrigo Waghorn

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